sábado, 1 de junio de 2024

Por qué es tan famosa

  

"Toda vida bien empleada es una larga vida"


Se ha escrito tanto sobre Leonardo y la Mona Lisa que me ha costado realizar esta entrega, promocionada con el pretencioso título de “Historia de la pintura más famosa del mundo”. Mi intención es no crear demasiadas expectativas, ya que esto no pasará de ser un esfuerzo en solitario por conocer la historia de esta pintura y las razones que la convierten en una obra de arte. 
Tampoco me considero un especialista en la vida de Leonardo, apenas un admirador más de su obra. Admiración que espero no me haga perder objetividad. Se dice que el que admira nunca podrá realizar un análisis certero del objeto que admira. Está obnubilado.



Por Rubén Reveco, editor



Señora Lisa, ¿Quién es realmente usted?                          
Aquí reproducimos tres imágenes de la Gioconda. Obviamente que no podemos acceder al original, pero no crean ustedes que la expuesta en el museo del Louvre se ve mejor que estas. En 500 años ha perdido su color original. Si la miramos en detalles muchos sectores están resquebrajados por exceso de pintura y amarillenta por exceso de aceite. Lo que vemos ahora no es lo que vieron los contemporáneos de Leonardo, pero la esencia sigue siendo la misma: el retrato de una mujer sentada en un sillón con el brazo izquierdo apoyado en el asiento. ¡Primera sorpresa, la Mona Lisa está sentada!
Cuando Leonardo de Vinci empezó a pintarla en 1503, hacía once años de que Europa había descubierto un  Nuevo Mundo y de lo que sería la Argentina (desde donde escribo estas líneas) sólo se conocía parte de la costa Atlántica. Descubrimiento que había realizado el navegante italiano Américo Vespucio. Italiano, florentino y coetáneo de Leonardo. Prácticamente nacieron en el mismo año.
En 500 años ha salido muy poco del Louvre. En 1911 se la robaron y durante dos años estuvo desaparecida. El ladrón la mantuvo oculta en Italia y aduciendo razones nacionalistas, pretendió rescatarla para su país. En la década del 60 viajó a Estados Unidos y en 1974, a Japón. Desde esos años, la Mona Lisa no va al mundo, el mundo va a la Mona Lisa.

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