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viernes, 11 de octubre de 2019

Mujeres, historia, pintura e instrumentos

Stephen Gjertson

La mujer ha sido la principal fuente de información y transmisión de la tradición oral musical desde los tiempos más antiguos. Pero también desde la antigüedad se tienen noticias de mujeres intérpretes que componen sus danzas y cantan.

La música como liberación femenina en el Renacimiento y el Barroco


Aunque la música ha formado parte de la condición humana desde los tiempos del hombre primitivo, y así se constata en algunas pinturas rupestres, y se reconoce a la mujer, mayoritariamente, como la transmisora oral por excelencia de la música y las canciones, no sería hasta los siglos XVI al XVIII que la enseñanza de la música supondría una ayuda para la mujer, independientemente de su condición social.
A las chicas de familias humildes que tuvieran cierta disposición para la música y la danza les servía para que pudieran labrarse un futuro. Además, en España hay constancia de que en algunos hospitales y los centros de beneficencia se enseñaban los principios de canto llano y canto de órgano con lo que muchas muchachas pobres o huérfanas podían tener la oportunidad de ejercer de maestras de música en conventos, y tener su correspondiente sueldo, o convertirse en cantantes y actrices ambulantes. 
Las mujeres de las clases altas también recibían educación musical para un buen matrimonio. Además, muchas de estas mujeres de la nobleza y la alta burguesía contribuyeron en esta época a la divulgación de la música, e influyendo en los gustos musicales de su entorno, mediante las tertulias musicales que organizaban en sus casas.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Las torres de Pieter Brueghel

La Torre de Babel (1563) - Panel de aceite en roble, 114 x 155 cm. - Museo Kunsthistorisches, Viena
Brueghel ha colocado el sitio de construcción en un paisaje costero; el holandeses adquirió una proporción considerable de su riqueza de las actividades marítimas. La Torre también está situada cerca de un río, ya que estaba a lo largo de las vías navegables, y no a través de las carreteras de los países sin pavimentar, que los bienes a granel fueron transportados en esos días.

La Torre de Babel, la Creación de Adán y Eva, el Diluvio Universal y la destrucción de Sodoma son las cuatro leyendas más populares que relata el libro del Génesis. Todas recreadas muchas veces por los pintores durante 2000 años.
Existen muchas Torres de Babel, pero ninguna como la de Pieter Brueghel, el Viejo, actualmente localizada en el museo de historia del arte Kunsthistorisches, en Viena, Austria. Se trata de un óleo sobre madera de roble con unas dimensiones de 114 centímetros de alto y 154 de ancho. Fue ejecutada en 1563.

Su tema es la construcción de la torre de Babel, que, según la Biblia, fue una torre construida por la humanidad para alcanzar el cielo. Según el Génesis, Yahvé confundió la lengua de los hombres, lo que los llevó a dejar la torre inacabada y a que se marcharan en todas direcciones.​
Es un tema que ya había sido tratado con anterioridad, desde los libros iluminados del siglo VI. Se retoma en el siglo XVI como símbolo del orgullo humano,​ advirtiendo de sus peligros, así como del fracaso de la racionalidad clásica frente a lo divino.
El centro del cuadro lo domina la torre a medio construir, dentro de un amplio paisaje panorámico. El pintor adopta un punto de vista muy alto. En la parte superior de la torre, la presencia de una nube simboliza la pretensión de que querían alcanzar con ella el cielo.
La descripción de la arquitectura de la torre por Brueghel, con sus numerosos arcos y otros ejemplos de ingeniería romana, hace pensar de manera deliberada en el Coliseo,​ que representaba para los cristianos de la época el símbolo de la desmesura y de la persecución. De la arquitectura de la Antigua Roma parece también provenir la mampostería de ladrillo, recubierta en el exterior por muros de sillería.
Es interesante constatar que la pintura de Brueghel parece atribuir el fracaso de la construcción a problemas de ingeniería estructural más que a diferencias lingüísticas de origen divino. Aunque a primera vista la torre parece constituida por una serie de cilindros concéntricos, un examen más atento demuestra la evidencia de que algún piso no reposa sobre una verdadera horizontal; la torre está más bien construida como una espiral ascendente. Los arcos son, sin embargo, construidos perpendicularmente al suelo inclinado, lo que los hace inestables; algunos ya se aplastaron. Más inquietante puede ser el hecho de que los cimientos y los pisos inferiores de la torre aún no están acabados, mientras que las capas superiores ya están construidas.
La torres de Brueghel han marcado similitudes con el coliseo y otros monumentos romanos, que el artista habría visto durante su estancia en Italia diez años antes. El paralelo de Roma y Babilonia tuvo una importancia particular para los contemporáneos de Brueghel. Roma fue la ciudad eterna, destinada a durar para siempre, y su decadencia y ruina fueron tomadas para simbolizar la vanidad y la fugacidad de los esfuerzos terrenales.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Ralli: El museo del buen arte

Hasta la fecha, la organización gestiona cinco museos localizados en Uruguay, Israel, Chile y España.
El primer museo fue fundado en Punta del Este en 1987. Un segundo museo opera en Santiago de Chile desde 1992, al que siguió un tercero en Cesarea, inaugurado en 1993. El cuarto museo se estableció en Marbella en 2000 y el quinto, especializado en arte clásico de los siglos XVI al XVIII, también en Cesarea 2007.


El único problema con el Museo Ralli, de Santiago de Chile, es que no se encuentra en un lugar de fácil acceso. Por lo demás, es uno de los espacios de mejor diseño para la exhibición de obras de arte, y estas en su gran mayoría son de muy buen nivel. 
Posee una gran colección de arte Latinoamericano que recomiendo a todos los amantes del buen arte.


Por Rubén Reveco - Licenciado en Artes Plásticas

"A veces las personas se sienten intimidadas por los museos. Y lo que queremos es que se sientan libres de recorrerlo como se les dé la gana. Que ellos armen su propio programa", explica Haydée Milos, su directora. "Acá la idea es gozar con el arte y una colección de mil obras, dispuestas en espacios bien iluminados, losa radiante, temperatura óptima, muros lisos de hormigón y pisos de mármol. Cuando vienen colegios, la primera regla es que visiten lo que quieran, porque la figura de la visita guiada acá no existe".
Los Museos Ralli son una organización privada sin fines de lucro, dedicada a promover la obra de artistas latinoamericanos. Esta organización fue creada por Harry Recanati junto a su esposa, la Martine Recanati, dueño de bancos en Inglaterra, Suiza y Francia.
Después de la venta de sus bancos en la década de los 80, el Grupo Ralli decidió dedicarse a una obra cultural de gran envergadura, creando así cinco museos en varios países del mundo, utilizando su amplio patrimonio para tal efecto.
Estos museos se encuentran en lugares privilegiados y albergan importantes colecciones, tanto latinoamericanas como europeas. No se aceptan donaciones de organismos públicos ni particulares. Uno de los principios de los Museos Ralli es no permitir ningún tipo de actividad comercial dentro de ellos y la entrada a todos es gratuita. Las colecciones son en su mayoría de autores latinoamericano, lo que no excluye obras de artistas de diferentes orígenes y épocas. La elección de las obras ha sido determinada por su calidad, independiente de la fama de los artistas o de su cotización en el mercado.

domingo, 18 de agosto de 2019

Mujeres pintoras: Las de antes y las de ahora

Ilustración de Norman Rockwell


¿Por qué esta publicación? Porque estamos visibilizando y completando esa historia del arte escrita por hombres que le negó presencia en los libros a grandes creadoras. Como este es un blog dedicado, más que nada, a las artes plásticas, hemos buscado en nuestro archivo algunos artículos que intentan desentrañar el complejo entramado de una marginalidad que ya es histórica.

Agradecemos a todas las amigas de facebook que ante una convocatoria nos han acercado una fotografía en plena labor creativa. De a poco iremos completando el largo listado. Gracias a todas.


La mujer y el arte

Las pintoras y escultoras han sido sistemáticamente presentadas en los manuales de historia del arte de una forma marginal lo que podría hacernos pensar que apenas habían existido, mientras que como objeto eran ampliamente representadas en cuadros, esculturas y demás manifestaciones artísticas de todos los tiempos.
Lo cierto es que sí ha habido grandes artistas pero no han sido reconocidas como tales ni valoradas por la posteridad. Muchas pinturas realizadas por mujeres fueron inicialmente atribuidas a varones, lo que indicaría que no hay diferencias objetivas entre el arte realizado por mujeres o por hombres, pero cuando se verifica que la autora es una mujer, baja mucho el valor económico y simbólico de la obra. Vamos por ello a realizar un breve recorrido por la historia del arte constatando así su presencia y los obstáculos a los que tuvieron que enfrentarse y superar para poder dedicarse a aquello que verdaderamente deseaban.
Según la tradición recogida por Plinio el Viejo en su Historia Natural, la pintura fue una invención femenina: la joven hija del alfarero Butades Sicyonius trazó sobre un muro el contorno de la sombra del rostro de su amado cuando partía para lejanas tierras.
El primer ejemplo documentado de una obra de arte firmada por una mujer se remonta sorprendentemente a la Alta Edad Media. Generalmente los artistas del medievo no firmaban sus obras y tampoco lo hacían los autores de los manuscritos iluminados, pero en el ejemplar del Comentario del Apocalipsis de Beato de Liébana que se conserva en la Catedral de Gerona (terminado en el 975) aparecen los nombres de Ende "pintora y sierva de Dios" (pintrix et Dei adiutrix) y del monje Emeterio.

domingo, 21 de julio de 2019

Los destructores de Atenea



"No existe el delito para quienes verdaderamente tienen a Jesús."
San Shenute


Palmira, c. 385 d.C.


Los destructores surgieron del desierto. Palmira debía haberles estado esperando; durante años, bandas de saqueadores formadas por fanáticos barbudos con ropajes negros, armados con poco más que piedras, barras de hierro y una férrea idea de la rectitud habían estado aterrorizando el extremo oriental del Imperio romano.

Sus ataques eran primitivos, violentos y muy efectivos. Esos hombres se movían en jaurías —más tarde en manadas de hasta quinientos— y cuando aparecían, lo que seguía era la completa destrucción. Sus objetivos eran los templos, y los ataques podían ser asombrosamente rápidos.
Grandes columnas de piedra que habían resistido durante siglos se desmoronaban en una tarde; las caras de las estatuas que habían permanecido en pie durante medio milenio eran mutiladas en un momento; templos que habían visto el auge del Imperio romano caían en un solo día.
Era un trabajo violento, pero no era ni mucho menos solemne. Los fanáticos se reían a carcajadas mientras hacían pedazos las estatuas "malvadas", los ídolos; los fieles se mofaban mientras derruían templos, hacían caer techos y despedazaban tumbas. Aparecieron los cantos, que inmortalizaban esos momentos gloriosos. "Esas cosas vergonzosas", cantaban orgullosamente los peregrinos; los "demonios e ídolos... que nuestro buen Salvador pisoteó de una vez". El fanatismo rara vez da lugar a buena poesía.
En este ambiente, el templo de Atenea en Palmira era un objetivo evidente. El elegante edificio era una celebración sin complejos de todo lo que los creyentes odiaban, un rechazo monumental al monoteísmo. Tras cruzar sus magníficas puertas y dejar atrás el refulgente sol sirio, los ojos habrían necesitado unos momentos para adaptarse a la fresca oscuridad de su interior. Mientras lo hacían, uno se habría percatado de que el aire estaba cargado del característico humo del incienso, o quizá de que la poca luz que allí había procedía de lámparas dispersas dejadas por los fieles. Al levantar la mirada, en el resplandor tintineante, se veía una gran figura de Atenea.

El elegante y altivo perfil de esta estatua podía encontrarse lejos de la Atenas nativa de Atenea, pero se reconocía al instante, con su recta nariz griega, su piel de mármol traslúcida y la boca carnosa, un poco mohína. El tamaño de la estatua —era mucho mayor que cualquier hombre— impresionaba. Aunque quizá aún más admirable que la escala física era la escala de la infraestructura y la ambición imperiales que habían llevado la pieza hasta allí. La estatua recordaba a otras que se encontraban en la acrópolis ateniense, a más de mil quinientos kilómetros; esta versión en concreto se había hecho en un taller a cientos de kilómetros de Palmira y, después, transportado hasta allí con considerables dificultades y costes, para crear una pequeña isla de cultura grecorromana en las arenas del desierto sirio.
Los destructores, ¿se percataron de esto al entrar?, ¿se quedaron impresionados, quizá fugazmente, por la sofisticación de un imperio que podía extraer, esculpir y después transportar el mármol a través de esas vastas distancias? ¿Ni que fuera por un momento, admiraron el talento que podía convertir el duro mármol en una boca tan suave que se podía besar? ¿Se quedaron asombrados por su belleza al menos por un segundo?
Parece que no. Porque cuando entraron en el templo cogieron un arma y golpearon con tanta fuerza la nuca de Atenea que con un solo y fortísimo golpe decapitaron a la diosa. La cabeza cayó al suelo, la nariz se partió y lo que fueran sus lisas mejillas quedaron aplastadas. Los ojos de Atenea, intactos, contemplaban ahora desde una cara desfigurada.
Pero la decapitación no era suficiente. Se desencadenaron más golpes que arrancaron el cuero cabelludo de Atenea, que hicieron saltar el casco de la cabeza de la diosa, que quedó hecho añicos. Siguieron más golpes. La estatua cayó de su pedestal y luego se separaron los brazos y los hombros. El cuerpo se dejó boca abajo sobre el polvo; el altar próximo se partió justo por encima de la base.
Parece que solo entonces esos hombres —esos cristianos— sintieron, satisfechos, que habían hecho su trabajo. Volvieron a fundirse una vez más con el desierto. Tras ellos, el templo quedó en silencio. Las lámparas votivas, desatendidas, se apagaron. En el suelo, la cabeza de Atenea empezó a cubrirse lentamente con la arena del desierto sirio.
Había empezado el "triunfo" de la cristiandad.

El texto reproducido pertenece al prólogo del libro de Catherine Nixey,
La edad de la penumbra.


lunes, 15 de julio de 2019

El triunfo de lo muy feo

"Diálogos" se llama la muestra de Julia San Martín


"Very, very feo" dijo decepcionada una bella señora que pasó por mi lado después de ver la  muestra "Diálogos" de Julia San Martín en el MAVI (Museo de Artes Visuales), en Santiago de Chile.

Por Rubén Reveco. Licenciado en Artes Plásticas

¿Por qué a ciertos artistas les gusta hacer cosas feas, insulsas y desprolijas? Quizás algunos espectadores tenemos la visión tan estereotipada de que el creador debe ser una persona de talento, que estas muestras -como la de Julia San Martín- nos generan mucha confusión, enojo y desconcierto.
Sospecho, también, que nosotros no estamos en condiciones de comprender que lo feo es importante en el arte. Todas las culturas han tenido una conciencia de lo bello en la naturaleza y que esta ha perdurado inalterable. Una puesta de sol ha sido bella tanto para el observador prehistórico como para el contemporáneo. Y con lo feo pasa algo similar -pero no confundamos- una cosa es lo feo y otra es la falta de talento para representar lo feo.
Sea como sea, el asunto es que Julia San Martín nos muestra su conocida producción (ya la ha presentado en otros espacios) siempre avalada y justificada por la inefable pluma de Raúl Zamudio Taylor, el curador "tropo conceptual".


"Muchas de las obras de arte incorporan ostensiblemente figuras recurrentes como un dispositivo formal unificador y tropo conceptual. A menudo, las imágenes parecen conversar entre sí o con el espectador mediante el uso de pronombres en elementos textuales que se encuentran en las obras de arte". 

Yo no quiero poner en duda la capacidad de la artista para pintar. Quizá lo hace muy bien y los pac-man que vemos son una lograda simplificación de lo que pretende cada ser humano: devorar al otro. Tampoco hay que confundirse porque no estamos hablando de los Diálogos de Platón, que pretendían por el intercambio civilizado de opiniones llegar a la verdad. En el caso de Julia, no queda claro cual es la finalidad de sus diálogos...

Exijo una explicación

La artista, el curador y el Sistema (galerías, museos, bienales, etc) siguen en deuda con nosotros; los simples y por momentos ingenuos amantes del arte. Tienen que explicarnos por qué se gastan millones del erario público en espacios sólo para el arte contemporáneo, por qué se elige a este tipo de artistas y por qué estos muñequitos feamente pintados son tan interesantes como para estar exhibidos en un lugar de privilegio, como podría ser el MAVI.
Esperaremos la respuesta very, very sentados.





Sobre estas líneas, quizá lo que más se rescata de la exposición.


La artista hablando de su obra.


"Que la gente entrara y esperara y saliera para poder hacer que la gente siguiera entrando..."

?


martes, 9 de julio de 2019

Educar en el arte y para la cultura

Imagen de educathyssen


Aun a día de hoy, encarando el final de la segunda década del siglo XXI, la necesidad de educar en arte y cultura sigue siendo un tema de debate que está sobre la mesa. Comúnmente se piensa que la cultura, a cuya creación contribuimos todos, surge por generación espontánea y no necesita de mantenimiento o atención. Pero muy al contrario, la cultura como fenómeno social, y el arte, como una de sus manifestaciones tangibles más concretas, requiere de la aportación de todos.

Solo cobra verdadero sentido cuando se produce un intercambio consciente entre el legado histórico e identitario que la cultura transmite y los nuevos usos y significados de valor que las modernas sociedades le atribuyen. Bien entendida, la cultura no necesita muchos recursos para que se desarrolle, ya que, como fenómeno social que es, surgirá y crecerá allí donde haya individuos. Pero lo que sí es necesario hacer es “educar” en la importancia y puesta en valor que la cultura tiene per se, porque sin esta labor educativa se produce un destrozo del pasado, una depreciación del acervo creado durante siglos y una pérdida de los referentes inmediatos que dotan de sentido a nuestras propia sociedad contemporánea.
Lejos de lo que pudiera pensarse, educar en arte y cultura es mucho más que instruir en historia y técnicas artísticas. El arte es una manifestación expresiva que surge en un contexto concreto, y, como tal, transmite gran parte de los elementos que determinan la cultura de ese tiempo y ese lugar. Difícil sería pensar que los creadores renacentistas reflejasen en sus obras la preocupación por el cambio climático, como sí sucede en la actualidad, o que los autores de nueva generación plasmen con el mismo afán las escenas religiosas que fueron el leit motiv por excelencia de la pintura de antaño. Por eso mismo, dar cabida al arte y la cultura en las aulas es canalizar un conocimiento colectivo labrado a lo largo de los siglos y que constituye el mejor vestigio de nuestra identidad como individuos pertenecientes a un contexto particular.
La Unesco ha señalado que el dominio de la cultura y las artes es fundamental para el desarrollo de las personas. Por este mismo motivo, incentiva a diseñar programas educativos que incorporen estas ramas del conocimiento. Los beneficios son diversos: la educación en arte propicia el pensamiento alternativo y la búsqueda de soluciones creativas a los problemas, favorece cualidades como la tolerancia y la sensibilidad, ayuda a que se aprecie la diversidad y se abra un diálogo intercultural, además de desarrollar otras habilidades intelectuales y creativas del individuo.


¿Por qué el arte se sigue viendo como algo reservado para unos pocos? Del mismo modo que otras disciplinas igualmente necesarias para el desarrollo, como las actividades deportivas, asociadas a valores colaborativos y a la psicomotricidad, el arte y la cultura requieren la misma atención. En los últimos años varias voces han puesto de manifiesto los beneficios asociados a la formación en arte desde edades tempranas. Más que una cuestión de convenciencia, es, en realidad, un contenido esencial para el desarrollo que acompañará al individuo en las distintas etapas de la vida. Conceptos de absoluta actualidad y tan demandados en el mundo empresarial moderno como la creatividad, la imaginación o la innovación tienen su base en los estímulos inculcados desde pequeños. Hoy día, la inteligencia y el aprovechamiento de las cualidades no se ciñe exclusivamente a ser hábil con el lenguaje y las matemáticas. El fomento del pensamiento alternativo y la solución de problemas ingeniosas, con sus conocidas aplicaciones en el mundo del emprendimiento, están intimamente asociadas a la formación en arte.
Numerosos estudios plantean un cambio de enfoque al incorporar las artes en la educación. Los beneficios son innumerables y alteran los esquemas preconcebidos y heredados aún hoy sobre la permanente búsqueda de la exactitud en los resultados, propia de materias como las matemáticas. La naturaleza impredecible de la creación artística ayuda a desarrollar el pensamiento crítico y a generar vías alternativas de raciocinio. Las nociones de correcto e incorrecto se difuminan y se da cabida a vías de expresión que favorecen nuevas estructuras de discurso lógico. No existe una forma única de inteligencia, y es evidente que la integración del arte y la cultura en el proceso de aprendizaje es necesaria. Esperemos que esta paulatina toma de conciencia se traduzca en la incorporación de nuevas herramientas y recursos educativos desde la infancia. Solo es posible amar y entender aquello que se conoce.


FUENTE: Art-Madrid



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